Con el inicio de un nuevo año, ciclo y por fin... verano, es tiempo de un recorrido para resumir y empezar a guardar cualquier artilugio diabólico recordatorio de la u. Y que mas simbólico que el objeto fetiche por excelencia del estudiante de arquitectura, la CROQUERA.
Porque mas allá de ser las contenedoras y el soporte de los múltiples garabatos que dan inicio desde las voladas mas cuáticas hasta un proyecto final, en ellas se derrama la evolución de una técnica, saber o pensamiento expresado y concretado finalmente por grafito, lápiz, tinta o pastel.
Como sea y de que sea, la croquera es en si misma una obra de arte, el registro de un momento, la oculta abstracción de un pensamiento.
